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MERIDA, YUCATÁN, 18 de octubre de 2021.- A unos días de iniciar el Hanal Pixán, ya empiezan los preparativos para recibir a nuestras ánimas por las tierras del Mayab a partir del día 31 del presente mes.

Por todo Yucatán, desde muy temprano se sienten los aromas de las viandas que ofrendan a los difuntos, se oyen los rezos, los cánticos y las misas.

Por las calles se siente el olor de las maderas, los inciensos y los sahumerios con que se purifican los ambientes y los altares, se mezcla con los vapores de la tierra y la humedad de la selva tropical.

Así en medio de un ambiente muy espiritual, plagado de leyendas, de historias del más allá, después de conmemorar a nuestros difuntos bebés, no natos y niños, conmemoramos a la gente grande, abuelos, amigos  y demás familiares, participamos  en la misa de los «Files difuntos o Todos los Santos».

Pero todos, todos estamos allí concurriendo unos más íntimamente y otros más desdeñosamente en un gran escenario, con muchas micro historias fúnebres, en un período que se alarga hasta el día 30 de noviembre, tiempo suficiente para reflexionar sobre la vida y la muerte.

Los pensamientos, los sentimientos no se pueden ver, no se pueden oír,  no se pueden tocar pero quizá sí se pueden desenterrar de lo más profundo de nuestras almas, cada que colocamos en el altar de las ánimas  nuestras ofrendas parecemos decir: «Te amo y no te puedo olvidar.»

Esa es la razón por la cual los pibes no son «tamalotes», son ofrendas, comida ceremonial, alimento para las ánimas, un producto gastronómico de la cocina yucateca, cuyo significado guarda una relación simbólica y paralela con los ritos funerarios.

Así que ese es el referente por el que  ofender la sagrada comida de las ánimas, en forma pública puede tener terribles consecuencias para los transgresores.

El Hanal Pixán, como se escribía antes o Janal Pixán como se acostumbra ahora es una tradición que data de tiempos prehispánicos, con gran arraigo en la época contemporánea, íntimamente ligado a nuestras creencias religiosas más primitivas y eso no tiene marca, no es una mercancía, es una cuestión de fe.

El Janal Pixán o Hanal Pixán, forma parte del patrimonio cultural de Yucatán, intangible hasta cierto punto, se  manifiesta en nuestras, prácticas usos y costumbres, sintetiza nuestras creencias acerca de la vida y la muerte, fenómeno dual, biológico ligado a concepciones sociales, teológicas, ideológicas y filosóficas, con raíces muy profundas, de allí su trascendencia íntimamente arraigada a la forma de ser o identidad de los yucatecos.

(ANTROPÓLOGA ADRIANA VARGAS LEÓN, DIRECTORA DE RADIOMAYABTV )

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