Café de Prensa por Adriana Vargas León

MÉRIDA, YUCATÁN, 2 de agosto de 2026. — Mientras la noche cae sobre el Mayab, las serpientes salen de sus refugios y cumplen una tarea que casi nadie ve: cazar ratas, ratones, lagartijas y alacranes que, sin ellas, se multiplicarían en los solares, las milpas y los patios de las casas yucatecas.

De acuerdo con la información disponible, especialistas locales insisten en que estas visitantes silenciosas son esenciales para mantener a raya las plagas en Yucatán. La Organización para la Conservación de la Vida Silvestre y la fauna local coinciden en que, sin su trabajo nocturno, los ecosistemas del estado y la salud de los hogares perderían un equilibrio que ya está roto en otras partes del país.

El llamado de la comunidad científica es claro: aprender a identificar las especies que no son venenosas y sustituir el miedo por respeto. En Yucatán, las serpientes siguen siendo víctimas de los mitos y del machete; quienes las conocen recomiendan observarlas a distancia, sellar los accesos de las viviendas y, sobre todo, no matarlas. Una boa, una culebra ratonera o una ranera del Mayab es, en la práctica, la mejor guardia nocturna que cualquier familia puede tener en su predio.

Con la jornada cerrando y los pueblos del interior despidiendo la luz del día, el recordatorio cobra más fuerza: lo que la mayoría ve como amenaza, el Mayab lo ha tratado siempre como parte de su equilibrio. Respetarlas es también una forma de cuidar la casa.