MERIDA, YUCATAN, 15 de julio de 2026. — Cuando la llave de la cocina o del baño se abre a media mañana, en varias colonias de Mérida el chorro llega con menos fuerza de la acostumbrada. La causa, según especialistas, pocas veces recibe atención: el sarro acumulado en las tuberías por la dureza del agua que abastece a la ciudad.
La alta concentración de minerales —calcio y magnesio principalmente— que caracteriza al agua que llega a los hogares yucatecos favorece la formación de capas al interior de las instalaciones hidráulicas. Con el paso de los meses, esas capas estrechan el diámetro útil de las tuberías y reducen tanto la presión como el caudal disponible en regaderas, llaves y, en los comercios, también en los tinacos.
De acuerdo con la información disponible, el problema se vuelve más notorio en colonias con redes internas viejas, en zonas donde el agua se almacena por más tiempo y en edificios que dependen de tinacos y bombas. Plomeros locales consultados señalan que las limpiezas periódicas y, en casos extremos, el reemplazo de tramos de tubería, son las salidas más comunes —aunque pocas veces se aplican de manera preventiva.
La JAPAY, encargada del suministro en la capital, no ha emitido una recomendación pública específica sobre el tema; mientras tanto, vecinos de colonias del oriente y del sur de la ciudad reportan regaderas que “a veces no alcanzan a enjuagar” y tomas donde el trapeador tarda más en llenarse. La prevención, coinciden los especialistas, sigue siendo más barata que la corrección.



