Café de Prensa por Adriana Vargas León

MÉRIDA, YUCATÁN, 7 de julio de 2026. — En la radiografía más reciente del fenómeno migratorio en el sureste mexicano, Yucatán aparece como una de las entidades con menor índice de repatriación forzada del país: apenas 2.5 migrantes deportados en promedio, de acuerdo con cifras del Instituto para el Desarrollo de la Cultura Maya (Indemaya) recogidas este lunes por Diario 24 Horas Yucatán.

El dato contrasta con el escenario que vive la frontera norte, donde el endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos ha disparado las devoluciones forzadas. En Yucatán, en cambio, la dinámica dominante no es la deportación: es la llegada constante de remesas que sostienen hogares enteros, especialmente en municipios del sur y del oriente donde la economía local depende en buena medida de lo que envían las y los yucatecos que se fueron a trabajar al norte.

Durante el encuentro con los medios, el Indemaya expuso que las comunidades maya-hablantes concentran buena parte de esos flujos, y que el dinero que vuelve se gasta sobre todo en alimentos, salud, educación y mejora de vivienda, según el seguimiento que el propio instituto realiza. El dato, leído con calma, dibuja una realidad que no suele aparecer en los titulares nacionales.

Lo que la cifra de 2.5 deportados en promedio y el alza de remesas en Yucatán pone sobre la mesa es simple: la diáspora yucateca sigue creciendo, el cordón familiar con Estados Unidos sigue activo y, mientras la frontera arrecia, el Estado se mantiene como un enclave de migración más ordenada. La tarea, dijo el Indemaya, es traducir ese flujo en desarrollo que se quede en los pueblos, no solo en las casas, en el marco del nuevo escenario migratorio para Yucatán y la península.