PISTÉ, YUCATAN, 30 de junio de 2026. — Cuando la noche cae sobre las ruinas de Chichén Itzá y el último visitante abandona el recinto, una revisión largamente postergada comienza a moverse entre los 332 guías que trabajan en la zona arqueológica maya: el Gobierno del Estado, a través de la Secretaría de Fomento Turístico (Sefotur), inició un proceso de depuración documental que no se ejercía desde hace dos sexenios.
El Departamento de Normatividad y Verificación de Sefotur, a cargo de Porfirio Héctor Sobrino Navarrete, solicitó a los guías la presentación de documentos básicos. Según versiones de los propios involucrados, la siguiente etapa contemplaría pruebas de idiomas —y aquí está el punto neurálgico: más del 50 por ciento de los guías establecidos no dominan la lengua que acreditan en sus credenciales de guías generales NOM 08.

Las irregularidades, según denuncias anónimas recogidas entre los propios trabajadores, no se limitan al dominio idiomático. Entre los certificados de estudios se habrían detectado anomalías, e incluso hay quienes sostienen que algunos documentos fueron comprados. Las versiones más fuertes apuntan a presuntas prácticas irregulares en el tramitado de credenciales a través de una academia de danza y pagos extraoficiales.
El censo levantado antes de la apertura del Centro de Atención a Visitantes arrojó 332 guías con actividades activas en Chichén Itzá. La revisión, si llega a fondo, devolvería a la puerta del mundo maya la seriedad que merece uno de los sitios arqueológicos más visitados del planeta.


