MERIDA, YUCATAN, 6 de julio de 2026. — Como en cada rincón del país, Yucatán despidió la jornada mundialista con la garganta aún caliente y los ojos algo enrojecidos: la Selección Mexicana se despidió del torneo en Octavos, y aquí, en este antiguo Mayab, el corazón se apretó igual que en cualquier casa del centro de la República.
De acuerdo con la crónica de Jesús Mejía, en la entidad el Mundial se vivió con esa fraternidad yucateca que mezcla la cocina de la abuela, la música en los portales y la sobremesa que se alarga. Hubo casas donde la pantalla se encendió desde temprano, neveras surtidas de horchata y panucho, y porras que se escucharon hasta en las comisarías más apartadas.

La afición meridana se dio tiempo para reconocer el desempeño del conjunto nacional frente a Inglaterra, más allá del resultado. En plazas públicas, en cantinas del Centro Histórico y en las colonias del sur y el poniente, las familias salieron a conversar la derrota como se conversa una partida de dominó: con respeto, con picardía y con la seguridad de que la próxima vez será distinto.
Queda el registro de una jornada que volvió a unir a Yucatán con el resto del país a través del balón, y la certeza de que, gane o pierda, la noche cae con la misma paz en este rincón del Mayab. Desde el Mayab, buenas noches.


