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Discurso íntegro del Lic. Luis Alberto Echeverría Navarro, Director General del Centro de Estudio Superiores «Justo Sierra O’reilly durante la ceremonia conmemorativa del deceso del Primer Secretario General y fundador de la Federación de Trabajadores de Yucatán (FTY), Gonzalo Navarro Báez(1919-1995):

«Estimado secretario general de la Federación de Trabajadores de Yucatán C.T.M.

Don Mario Transito Chan Chan

Compañeros  integrantes del Comité Ejecutivo de la Federación  

Señores consejeros y  directores de nuestras escuelas.

Estimadísimos maestros.

Compañeros trabajadores de la institución.

 Un cuarto de siglo, 25 años de ausencia de un líder cuyas huellas siguen presentes en nuestro camino, su recuerdo se mantiene inalterable en nuestro pensamiento.

Agradezco a todos su presencia.

Estamos aquí no para cubrir un protocolo; no para simplemente recordar el día de la partida de un líder obrero; no para elogiar la obra y el legado que construyo con esfuerzo y pasión y nos dejó para seguir desarrollando el proyecto de su vida, nuestra gran organización, para la defensa de los intereses de los trabajadores y su empoderamiento en las instancias económicas, sociales y políticas.  

No estamos aquí para rendir pleitesía ociosa a un hombre cuya obra tenemos a la vista. Que supo ser humilde, pero también sacar la casta en las batallas que le toco librar. Logro no obstante sus limitaciones académicas, acceder a la mejor escuela política del mundo desde el tiempo de la grandeza de Roma, el Parlamento; y en el caso de nuestro país el Senado de la República.

A esa escuela solo tienen el privilegio de acceder 130 mexicanos cada 6 años.

Es preciso señalarlo, estamos aquí por elemental sentido de gratitud, para quien desde su visión soñó, imaginó  y puso las primeras piedras, las sólidas bases sobre las cuales se edificó nuestra organización obrera y esta casa de Estudios que han cumplido ya 52 años la primera y 35 la segunda.

Hoy tenemos que reconocer en merecido aprecio, el esfuerzo que en este tramo de 25 años en la historia de nuestra organización, ha puesto dejando también su vida en ello, nuestro actual secretario general, Don Mario Transito Chan Chan.

Las nuestras, la Federación de Trabajadores de Yucatán y este Centro de Estudios, tienen historia y han hecho historia.

Nuestro origen nos obliga a perseverar en el pensamiento y la filosofía de quienes dieron viabilidad a organizaciones como las nuestras defendiendo hasta establecerlo en la ley y con rango constitucional el derecho de asociación, el Derecho a la Educación y el Derecho al Trabajo.

Organizaciones como las nuestras, son resultado de los cambios profundos que género aquella asamblea deliberante reunida en Querétaro en 1916, que conocemos como los constituyentes y que le dieron a México y a nuestro pueblo la constitución de 1917.

La asamblea constituyente, se esmeró desde la ley fundamental, en diseñar la organización de un Estado con un régimen social justo, en el que la riqueza y el ingreso nacional sirvieran para alcanzar mejores niveles de vida para todos.

La ocasión es propicia para dejar constancia de los principios que nos  animan, de los impulsos que nos mueven, a ser y a hacer; como organización obrera y como Institución educativa. Ningún propósito, especulativo, mercantil o de lucro.

Nuestra Federación por su origen tiene un propósito específico, servir a los trabajadores.    

La escuela, nuestra escuela tiene una misión vinculada a la historia y al ánimo de redención y de impulso a la educación de los trabajadores y sus hijos, para buscar mejor preparados las oportunidades de un porvenir mejor.

Nuestra escuela es el resultado natural de nuestro origen social, producto de un sistema educativo que nació con la Revolución. Su concepción obedeció sin duda a las ideas interiorizadas en nuestros dirigentes inspirados en el pensamiento y la acción de hombres progresistas y determinados como Salvador Alvarado, Felipe Carrillo Puerto y Héctor Victoria Aguilar. Que entendieron que la educación y el conocimiento no podrían ser bienes solo para un segmento privilegiado de la sociedad.  Sin ellos no estaría completa nuestra comprensión de la constitución de 1917,  de su impacto en la península, de su contenido social.

El General Sinaloense confirmó como Gobernador de Yucatán su condición de estadista visionario, el más grande que registró la historia reciente de nuestro tiempo. Ejecutivo, dictó más de mil decretos sobre la marcha y se inscribió en la Historia con sus famosas cinco hermanas. Cinco Leyes que se decretaron bajo el propósito común de sustituir un marco jurídico impuesto por la oligarquía  henequenera, por otro comprometido con un desarrollo compartido y justo para las mayorías populares de la región.

De Felipe Carrillo Puerto adquirimos su ejemplo de Dirigente comprometido con una lucha como la nuestra, irrenunciable, que lo llevo al paredón en enero de 1923 siendo Gobernador del Estado. Antes había  promulgado la Ley del Trabajo siendo diputado en funciones de gobernador interino.

De Don Héctor Victoria Aguilar, que no decir, obrero del Riel, autodidacta genial y representante de Yucatán al constituyente de Querétaro. Hijo de humilde maestro del medio rural, estudiante de carrera trunca por falta de recursos económicos, tornero en los talleres de la plancha de los ferrocarriles de Yucatán, llevo a la tribuna Legislativa su vibrante palabra, los principios doctrinarios adquiridos del anarcosindicalismo dominante en esos tiempos y con su lucida capacidad de argumentación dejo su huella imborrable en el texto del artículo 123. Raíz fundamental de la Ley Federal del Trabajo  que siempre debemos estar puestos para defender.

Considerado por los tratadistas como uno de los grandes tribunos del 17 y congruente con su forma de ser y de pensar murió pobre y dejó como herencia su forma de actuar y su honestidad a toda prueba.

Yo encuentro que las ideas de estos Yucatecos, la convivencia con don Fidel Velázquez, y los líderes nacionales de la CTM y el aprecio de las necesidades educativas de sus compañeros de lucha, fueron las fuentes de inspiración de Don Gonzalo Navarro Báez, el humilde propósito de crear una escuela para hijos de trabajadores. Somos ramas de la Revolución y del pensamiento de esos idealistas que el paso del tiempo hizo germinar  semillas que dieron fruto en forma de Ley o en forma de aulas en generaciones de profesionistas, en legisladores.

Por eso estamos aquí, hay una deuda moral que tratamos de redimir, así lo reconocemos. En este caso fue Don Gonzalo Navarro Báez quien a principio de la década de los 80´s, ejerciendo su liderazgo de secretario general de la Federación de Trabajadores de Yucatán C.T.M tuvo el acierto de prohijar la idea y hacerla realidad.

Hombre sencillo de pocas letras, pero de corazón grande, de manos firmes para las causas obreras puso su capacidad de gestión como Diputado y Senador de la República al servicio de este propósito que hoy a nivel de actualidad, representa una comunidad de poco más de 4 mil alumnos.

Todos aquí, directivos, maestros, trabajadores manuales, estudiantes saben que además del prestigio alcanzado y del reconocimiento social que tenemos; dos escudos nos tutelan: uno está en la Federación de Trabajadores de Yucatán que dirige Don Mario Transito Chan Chan, y el otro el de la Confederación de Trabajadores de México que preside como líder Nacional el Senador Don Carlos Aceves del Olmo.

Quiero hacer un reconocimiento especial a todos los Trabajadores de esta Institución, a todos en general, a los Directores porque  sin su comprensión, sin ellos, ya hubiéramos cerrado nuestras puertas ante los problemas financieros que tenemos como consecuencia lateral de la terrible pandemia que nos mantiene confinados.

A los maestros, que han tenido que adaptar sus metodologías y sus prácticas docentes a la nueva realidad de la educación virtual, no tendríamos autoridad moral para pedirle a los jóvenes la cobertura puntual de sus colegiaturas si no les otorgamos un buen servicio.

No puedo dejar de mencionar a los alumnos y a los padres de familia por su comportamiento de altura y su solidaridad, su sentido de pertenecía y el esfuerzo económico para cubrir sus colegiaturas. Sin ellos ya hubiéramos cerrado por quiebra, como ya lo han hecho otras muchas escuelas en el país. Muchas gracias a todos. 

Quiero concluir con las expresiones de Don Gonzalo cuando seguramente con serenidad y con valentía percibió el final de su tiempo y admitió la cercanía de su muerte.

Cuiden la Federación, tu desde la escuela, pero sin alejarte de Mario.

El mejor Homenaje frente a este bronce que inmortaliza a Don Gonzalo Navarro Báez es el cumplimiento cabal de ese mandato expresado cuando en sus últimos días enfrento a la muerte con lucidez mental y con los ojos abiertos».

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